El salón de actos de nuestro Liceo Santa Teresita de Llolleo se transformó en un verdadero santuario comunitario. Este espacio, que habitualmente acoge nuestras alegrías, reuniones y aprendizajes, se convirtió en el escenario sagrado para conmemorar un hito que cambió la historia de Chile: el aniversario de las Hermanas de la Providencia y la llegada de la Madre Bernarda Morín a Valparaíso.
Reunirnos en este lugar no fue un acto administrativo, sino un ejercicio de memoria agradecida. Desde este salón, miramos hacia el pasado para abrazar el inicio de una obra monumental —la fundación de hogares y escuelas— que hoy da vida y sentido a nuestro propio liceo.
La pedagogía de la Providencia se desplegó en este salón en tres momentos perfectos, adaptando el mensaje para que tocara el corazón de cada estudiante:
- El Salón Lleno de Inocencia (Prekinder a 5° Básico)
En el primer turno, las paredes de nuestro salón de actos vibraron con la energía, las sonrisas y la espontaneidad de los más pequeños.
- El Sentido: Para este grupo, el salón se transformó en una fiesta de la gratitud. Al recordar cómo la Madre Bernarda acogía a los niños desvalidos en sus primeros hogares, los alumnos de Prekinder a quinto básico pudieron experimentar que nuestro liceo sigue siendo ese refugio seguro y amoroso que ella soñó.
En el segundo turno, el ambiente del salón cambió hacia una atmósfera de reflexión profunda, madurez y silencio respetuoso.
- El Sentido: Con los estudiantes mayores, el acto litúrgico en el salón se convirtió en un foro de envío. La figura de Bernarda Morín desafió a los jóvenes desde el altar a no ser espectadores de la realidad. Se les invitó a salir de este salón de actos con la misión de ser la “Providencia hoy” en sus familias, con sus amigos y en la comunidad de Llolleo.
- El tercer momento del este histórico día para la congregación de las Hermanas de la Providencia y todas sus obras.
Fue la Jornada de profesores y personal de nuestro establecimiento en el salón de acto en torno al legado de madre Bernarda Morín, que comenzó el17 de junio de 1853 no fue un día común para la historia de la educación y el cuidado en Chile. Fue el día en que la Providencia desembarcó en nuestras costas con el rostro, la valentía y la fe de la Madre Bernarda Morín. Hoy, al reunirnos en el salón de nuestro colegio para celebrar este aniversario congregacional, no solo hacemos memoria del pasado; reactivamos una herencia viva que late en cada rincón de nuestras aulas. Un momento de profunda gracia en nuestra jornada fue la representación de nuestras estudiantes de la Pastoral Juvenil. Ver a nuestras jóvenes encarnar la llegada de la Madre Bernarda no fue un simple acto escolar, sino un puente entre generaciones.
- La dramatización nos devolvió al momento exacto en que el Presidente de la República, conmovido por la realidad social, le imploró a la Madre Bernarda que se quedara a cuidar a los huérfanos, otros de los momentos emotivo fueron, Contemplar y leer los escritos de la Madre Bernarda durante esta jornada nos permitió tocar su alma. Sus palabras no han envejecido porque nacieron del Evangelio. En sus apuntes descubrimos que su fuerza radicaba en una confianza ciega e inquebrantable en la Providencia. Inspirados por el texto bíblico proclamado, fuimos llamados a ser Luz del mundo, tal como lo fue la Madre Bernarda para Chile. La invitación final de esta jornada es clara para todos nosotros: ser luz bajo el sello Providencia, con la misión compartida de formar para amar y ser amados.” Y cumpliendo el lema de nuestra institución “Formar Amando.”
Para finalizar nuestro encuentro fraterno el equipo directivo saluda a todos los papás de nuestro establecimiento reconociendo su misión paternal ejercida en cada momento de sus vidas.
Con el cariño y agradecimiento a Dios Padre Providente por el legado de madre Bernarda decimos con fuerza: Providencia de Dios te agradezco por todo lo que haces y velas por mí……










